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Segunda mano

Publicado en crítica literaria, libros antiguos con etiquetas , , el Julio 4, 2008 por sebaslaleona

Entre una montaña de libros para ordenar me encuentro un volumen verde, tapas duras, letras doradas: primera edición de Las metamorfosis de Proteo de Guillermo de Torre, del año 1956.

¿Qué sentimiento recóndito nos hace disfrutar del hallazgo de un libro antiguo entre los montones o las estanterías que abarrotan una librería de segunda mano? El arqueólogo que llevamos dentro ve satisfecho su afán por descubrir reliquias que recompondrán nuestras vitrinas de la historia. El fetichista goza con la rareza estética del objeto libro, con sus peculiaridades únicas. Como de un caramelillo, el lector de ocasión se alegra al encontrar un precio regalado y el devorador de libros cree estar en la sección gourmet del supermercado, la visión de los anaqueles le genera un rastro de babilla verborréica. Pero por mucho que diseccionemos la alegría de ese encuentro nada salvo el propio libro podrá describir sinceramente la profundidad de ese lazo entre él mismo y el lector al que enamoró.

Al instante de ser cogido de la estantería ves cómo lo que antes parecía viejo y cutre, ahora se te muestra antiguo y valioso, incluso el lomo desvencijado recupera un poco de ese tono fuerte y vivo que antaño lució, como las pieles pálidas del invierno se entonan con los primeros rayos de primavera. Y termina engatusándote con tal o cual rareza de la portada interior. Y como este libro es un superviviente, pero no solo de las estaciones sino de pasiones, cariños, necesidades y riñas, por eso, sabe que no debe darse por entero en la librería, se reserva hasta pasadas unas horas cuando, ya en casa, despliega toda su belleza entre tus manos y te insinúa en una lengua exótica sus secretos: los garabatos hechos por alguien hace cincuenta años, un colofón modernista o la dedicatoria escrita con afecto. Ha viajado cincuenta y dos años para llegar a ti. Entonces, sabes que su lugar no estará entre los otros libros de la estantería, al menos durante una temporada. Seas el tipo de lector que seas lo colocarás en un lugar preeminente, visible, con orgullo y cuidado, tal vez el sitio de tu cuaderno de notas o junto a tu sillón para que siempre que lo tomes en tus manos sientas de nuevo esa especie de placer natural que experimentas al entrar en un templo en ruinas.