Duelos de La Leona

Publicado en Uncategorized el Enero 19, 2009 por sebaslaleona

“Y aquí estamos los dos,

tú tras el cristal, yo al otro lado.

Y aquí estamos los dos,

queriendo latir el corazón helado,

en vez de estar haciendo el amor…

O en vez de estar

tomando el sol

con los amigos en un campa de verano,

Chuspi y yo, Chuspi y yo…”


(Grito popular Sherpa, tarareable con la música de “Si tú, si yo”, de Kiko Veneno, recuperada por Muchachito Bombo Infierno.)

A la memoria de Javier Calzada, Chuspi, malamente arrebatado.

1982-2009

Refrescando…

Publicado en Uncategorized el Enero 15, 2009 por sebaslaleona

Buen invierno a todas desde La Leona. Dice Pablo (flamante ganador del 2º concurso de microrrelatos y finalista del 3º) que este blog está obsoleto y os tenemos muy abandonadas, y tiene toda la razón. Humillamos la cabeza con dolor de corazón, arrepentimiento sincero y propósito de enmienda. Es que la vida moderna y sus mil quehaceres diarios etcétera. Pero estamos empezando a cumplir esos deseos de año nueve, así que refresquemos este espacio (¿más? ¿no sabéis lo que ha nevado en Valladolor?) y pajuera telarañas.

Anteayer, Martes y Trece (ni te embarques, que pereces), celebramos la 3ª sesión del concurso de microrrelatos con el Colectivo Rémora, como cada 1er. martes de mes. El tema, Supersticiones. Pa verlo: una treintena de personas apretando sus tréboles de cuatro hojas, frotándose las patas de conejo contra la chepa y echándose la sal por encima del hombro, especialmente a los ojos de las competidoras, alrededor de 9 relatos a concurso y otros 6 (o asín) fuera de él, buen ambiente y reñidísima competición, incluyendo la delirante elección del tema para la siguiente sesión. “No sé” ganó por los pelos a “Los pies”, las “Dobles vidas” de Verónica, “El incendio de La Leona” y “15 maneras de torturar a Pablo”. Es lo que tiene la democracia de masas, que el personal se enracha y vota con quién sabe qué criterios…

Hasta la próxima sesión, adelantamos: Algún sábado de febrero celebraremos el 1er. aniversario de La Leona, y quién sabe si a la vez, La Fiesta del Cartel. Sospechamos que hay por fin un logotipo rondándonos antes de tomar forma, pero no queremos emborrachar al oso antes de cazarlo, como otros, así que ya os confirmaremos la fecha y el programa.

Rugidos de amor,

P.D. ¿Os había dicho que ya estamos construyendo una base de datos?

La Leona os invita al 2º Plat du Jour, tanguero y brasilero.

Publicado en Colectivo Rémora, fiestas, libreria con etiquetas , , , , el Diciembre 17, 2008 por sebaslaleona

Gráfico explicativo de lo que viene siendo un Plat du Jour:

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O sea: Desayuno musical organizado por el Colectivo Rémora, en el que habrá de comer, de beber y de bailar lo que pongan y lo que pinchen los susodichos entre la actuación de los tangueros Mandragoa y los brasileros Os bichos da Temporada. ¿Tienes algún plan mejor para una mañana de sábado invernal?

Elogio de la atención

Publicado en crítica literaria, libreria con etiquetas , , el Noviembre 18, 2008 por sebaslaleona

Que la falta de atención, u olvido súbito, es un problema muy de ahora lo certifican la cantidad de artículos que se escriben en la prensa diaria sobre ello, el consumo voraz de moda en forma de arte, música, ropa o costumbres, y la literatura de metro, esos interminables bestsellers que devora el viajero cansado en los intersticios de sus funciones vitales: el trabajo y las compras.

Esta falta de atención es la que pide películas inconsistentes, conversaciones ligeras y, por supuesto, lecturas fáciles y entretenidas. No es que tenga nada en contra, pues a mí mismo me encanta de vez en cuando tragarme una de esas basuras exquisitas que son las pelis apocalípticas. Pero también es cierto que intento tomarme mi tiempo cuando abro un libro, consciente de que a las palabras hay que interrogarlas y de que para ello no basta con preguntas sobre el argumento. Éste es, en cualquier tipo de ficción, la excusa con la que el escritor intenta engatusarnos para hablarnos de otro tipo de cosas más allá del acontecimiento y la psicología.

stevenson_blog

Por eso, El viaje en una burra de Robert Louis Stevenson me parece que no solo es interesante por la excentricidad (ya incluso a finales del XIX) de un recorrido así por tierras perdidas del Languedoc francés, sino porque el mismo ritmo del viaje, lento y sinuoso, imprime a la narración una prolijidad de detalles propia de una mirada muy atenta.

En este diario de viaje el escritor se propone recorrer una zona de la Francia meridional atractiva para él por un motivo: se trata de una zona en la que siglos atrás se produjo uno de los primeros movimientos de reforma del catolicismo (después de los Cátaros), que fue salvajemente reprimido con la quema de los reformistas y la posterior repoblación con católicos. Stevenson, protestante escocés convencido, se siente curioso por ver qué ha sido de esas gentes. Sin embargo, el libro no toca apenas este tema y se dedica a narrar sus peripecias con una burra a la que no sabe tratar, el contacto con las gentes de cada pequeña aldea que visita, los paisajes que atraviesa, la historia y las leyendas del lugar y las sensaciones que él mismo como extranjero tiene y provoca en los demás. Todo es objeto de su narración, desde los aullidos lejanos en las noches al raso hasta la confección de su moderno y excepcional saco de dormir o el creciente cariño por una burra a la que al principio odia.

De esta manera, este libro es un elogio de la atención, de la pausa, del ritmo lento magistralmente visualizado en el paso de una burra. Es una narración que nos llama a la calma, a tomarnos nuestro propio tiempo para leer y sentir, para disfrutar el instante que se estira, sin un antes o un después, y de manera divertida e irónica, pues de sus dardos no se salva ni él mismo.

Sería lo contrario de esas lecturas de metro, que nos empujan hacia la última página no para que demos fin a la historia, sino para olvidarla y correr a comprar otro libro y otro, fustigados por la sed de tener lo último, lo más nuevo.

(Imagen perteneciente a la Oackland Public Library)

Carlos Chávez Muñoz

¡Microbienvenidas!

Publicado en Uncategorized con etiquetas , , , , , , el Octubre 31, 2008 por sebaslaleona

¡Saludos cordiales a las ciberlectoras del blog de La Leona, estamos de estrenos! Se estrena el 1er. concurso de microrrelatos, dentro del programa de actividades que hemos dado en llamar “Los Rugidos de La Leona”, cuyas bases encontrarán si pinchan en el enlace del Colectivo Rémora, coorganizadoras del asunto y mucho más hábiles que yo para enlazar etiquetas automáticas. Se celebra el martes 4 de Noviembre a partir de las 20 horas, el tema es: “Tu primer libro”; la extensión máxima: cien palabras, título incluído; y el premio: un libro a elegir, y la publicación, junto con otros relatos ganadores posteriores, en una plaquette, que le dicen. Eso sí, hay que pasarse a leerlo. Si no pueden venir y quieren encargar su lectura a alguien… bueno, ese supuesto no está reflejado en las bases, pero podría estarlo. Total, las hacemos nosotras y recién las estrenamos…

El otro que se estrena, con el blog, soy yo. Las entradas anteriores son de Carlos Rémora, agitador cultural, traductor, domador ocasional de La Leona y mejor persona. Escribe bien además, el amigo, ¿no les parece? La creación del blog también es cosa suya, y aún no sé si podré agradecérselo lo bastante, porque todavía no sé para qué sirve, aunque empiezo a imaginarlo.

Yo soy el domador titular -el Ángel Cristo si lo prefieren, pues la tengo a la indomable hecha un ídem-,  el irresponsable gestor del caos espacial que es La Leona en estos momentos, y prácticamente desde su refundación. Bueno, de hecho, cuando aún se llamaba “El Astillero” y “Alejandría” y yo no era más que cliente ocasional en un 1er momento y ayudante/dependiente en un 2º,  el caos también tenía aquí sus espacios; pero si Pablo y Miguel Ángel -respectivos gestores/domadores anteriores- se pasaran por aquí, se mesarían las vestiduras o se rasgarían las barbas cuando menos…

Sólo espero llegar a estar a su altura en el más breve plazo posible, y también a la de ustedes (si es que alguien lee alguna vez estas líneas, pues lo primero que pienso de un blog es que sólo lo leen sus autoridades, aunque me he fijado en que hay muchas más entradas de las esperadas). Con su ayuda y la de las gentes afines y afinadas que rodean a La Leona, trataremos de hacer de este espacio virtual, y del real, lugares acogedores y que apetezca visitar. De momento, seguimos en construcción. El día menos pensado haremos “La fiesta del Cartel”, para celebrar que ya tenemos logotipo y afuera ya no pone “Alejandría” o “El Astillero”, según se nos mire de frente o de perfil. Permanezcan atentas. Lo de tener un catálogo consultable en la red lo dejaremos para un día mucho más pensado, no se preocupen.

Hasta una próxima comunicación,

La Leona.

(P.D.: Lo de usar el genérico femenino, si se lo andaba preguntando alguna lectora, me lo han pegado unas amigas punkis que tengo, algunas de ellas varones, y sirve para dejarse incluir, hombre, no sea tímida. Si se entiende igual, pues igual da.)

Fiesta en La Leona

Publicado en fiestas con etiquetas , el Octubre 6, 2008 por sebaslaleona

El sábado, 11 de octubre, a partir de las 12 del mediodía en la librería La Leona (c/ Juan Mambrilla 19) abrimos la temporada como debe ser: comiendo y bailando. Os traemos un plato del día que será la delicia de los paladares más exquisitos: Rémora preparará un rico desayuno al estilo más europeo, es decir, un buffet de comida y bebida. A los platos y amenizando nuestros ingredientes estará Carlos Valdés sirviendo la mejor música para quien quiera bailar. Todo ello en un ambiente de librería de segunda mano y a la luz del mediodía porque las rémoras y otros peces también salen a la superficie.

Si nunca habéis venido, todavía pone en el cartel el antiguo nombre, o sea, “Alejandría”.

Lo pasaremos bien.

Negocio de librerías

Publicado en editoriales, libreria con etiquetas , , , el Septiembre 25, 2008 por sebaslaleona

Si el negocio de la librería jamás se enriquecerá con la venta de autores clásicos, como demuestra el hecho de que ni siquiera fueran las primeras publicaciones de una imprenta incipiente, sino que empezara todo, más bien, con librillos de escaso valor literario, como explica Diderot en su famosa carta sobre este tema; al menos sí deberá intentar mantener un equilibrio en sus fondos constituidos por “un número más o menos considerable de libros apropiados para diferentes estamentos de la sociedad y surtido de tal manera que la venta segura, aunque lenta, de unos, compensada con ventaja con la venta asegurada, más frecuente, de otros, favorezca el incremento de la primera posesión”. Así, la dicotomía entre lo bueno literario y lo más vendido se ensarta en la misma historia de la imprenta. Diderot resuelve el enfrentamiento a favor de la calidad, o sea, los clásicos.

Hoy en día, aún habiendo sido ampliada esta categoría, como bien hace Italo Calvino en su excelente ¿Por qué leer los clásicos?, parece que se ha roto ese equilibrio, por las conveniencias del mercado financiero, en beneficio de lo que todos conocemos como best-seller o libros basura, que sería el extremo radical o mero producto de consumo de esos libritos de “venta asegurada, más frecuente”. Sin embargo, dicha venta asegurada no tiene por qué caer en la escritura robótica de esos superventas, llenos de estereotipos y superficialidades, para los cuales cualquier cosa que se desvíe de la mera lógica del suceso y sus triquiñuelas de prestidigitador, no es más que una pérdida de tiempo para el lector. O sea, la profundización en todo aquello que nos define como humanos: sentimientos, ideología, fundamentación filosófica, raigambre cultural, etc., es un impedimento para ser entretenidos, único objetivo de esa escritura que nos concibe como consumidor pasivo de hechos, lector que sólo espera ser arrastrado a lo largo de mil quinientas páginas sin que su propia existencia sea interpelada ni una sola vez (como sí hacen los grandes clásicos) a base de acomodarnos en una realidad manida, tópica y políticamente correcta según los intereses de sus creadores. Por eso, tales libros están robotizados, pues son fruto de ecuaciones comerciales que presuponen que todo humano es estúpido. Y tal vez sea así, a la vista de los millones de ejemplares que se venden.

Pero también ha habido otras editoriales cuyo equilibrio estaba medido, como Edhasa, que, a medias entre Hispanoamérica y Barcelona, entre los años sesenta y setenta, junto con Guadarrama, Barral, Estela y otras, trajeron al castellano por primera vez obras capitales de aquellos días junto con clásicos y autores de gran calidad y venta asegurada, que más tarde se consagrarían, como prueban autores del tipo de Herbert Marcuse, Robert Louis Stevenson o Truman Capote, por ejemplo. Estas casas promovieron con sus títulos un tipo de lector que, aunque sin grandes expectativas, no estaba tan automatizado y alienado como los devoradores de papel contemporáneos, y se mostraba más abierto a esa interpelación de las grandes obras. Eran tiempos en los que se creía en la perfección humana a través de la lectura, como si ésta fuese algo en sí que con su mera práctica sanase todos los males.

Ahora sabemos que la lectura no es neutra, que hay que saber qué leer y, aún así, uno no tiene asegurada la mejoría, que lo bueno es escaso y lo abundante proviene de las cadenas en serie. De ahí que las colecciones iniciales de estas editoriales, ya descuartizadas por la lógica económica, sean reliquias, aunque modestas, de segunda mano, pues contienen grandes autores de ambos lados de esa dicotomía.

Por eso, aparte de hacer como una amiga mía, que no lee apenas autores que lleven muertos menos de cincuenta años, para saber qué leer es bueno tener como referencia a estas viejas editoriales, pues casi cualquier cosa que se encuentre nos tratará a nuestra altura, sin tomarnos por idiotas, y a las librerías de segunda mano, refugio último de los seres en extinción.

Carlos Chávez Muñoz

Como primera edición

Publicado en libros antiguos, poesía con etiquetas , , , el Julio 16, 2008 por sebaslaleona

¡Ah, tiempo, tiempo cruel, que para tentarnos con la fresca rosa de hoy destruiste la dulce rosa de ayer!

Tres ediciones diferentes: en Londres, 1942; en Madrid, 1949; y en Veracruz, 1963. Esta última, corregida y ampliada por el autor antes de morir, es considerada la versión definitiva. Un libro que parte de España y que en sucesivas oleadas vuelve y se va de nuevo. He encontrado en una de las baldas Ocnos, de Luis Cernuda, en la edición mexicana. ¡Qué extraño viaje para un libro!

En la primera página del libro encuentro una hoja raída, amarillenta, con letra antigua de trazos alargados y tinta negra, como una especie de apunte escrito por un dueño desaparecido. Me resulta imposible datarlo, pero imagino que será de la misma fecha que la edición: “Ocnos no es una biografía ni podemos rastrear en él a la persona de Cernuda. Poesía abierta. Discurre, al igual que el pensamiento, por entre el presente y el pasado evocando momentos en los que el yo se descubre en la realidad y ésta toma forma en ese encuentro: en la música, en un cuerpo, en los libros. Este es el deambular de Ocnos”.

De esta manera, la lectura únicamente adquiere sentido al ser leída y nuestro alejamiento de la obra portará siempre algo de ese sentido, así como ella quedará impregnada de nosotros. Vuelve a la vida, por así decir, en el presente del lector. Si el texto refleja sobre todo el logos de un semejante, su discurrir, la peculiar manera de una persona de apuntalar el mundo, gracias a lo cual yo puedo identificarme en él y empatizar con él, el deambular de la edición de este libro tal vez sea un correlato de ese pensador y viceversa. ¿Qué puede tener entonces Ocnos de ambulante y fijo? ¿Esto será sólo explicable por el exilio de Cernuda? Desde luego, ya se sabe, gracias a Gustavo Bueno, que las condiciones materiales delimitan el contexto en el que surgen los conceptos más abstractos: el sistema decimal surge de manera táctil de un animal que cuenta con diez dedos en sus manos, por ejemplo. Así, también la condensación de instantes fugaces en un texto que tiende a permanecer surge de nuestra condición finita como seres. El espacio y el tiempo ligados al recuerdo surgen de la pérdida. La recreación mutua entre autor, texto y lector emana de la disolución continua de ellos en la orfandad de la escritura. Pero, tal vez, esto no sean más que reflexiones a propósito de una nota anónima. De la misma forma, también podríamos decir que el deseo de una primera edición o un original proviene de un ser alienado por un mundo que se fabrica en serie copiándose sin fin. Y también la obra de un escritor parece perder su rasgo de palabra primera en el mundo cuando la leemos en esos volúmenes en serie que son las obras completas. Esa palabra primera es la que forja al yo junto al mundo, en continua destrucción y recreación. Eso es Ocnos y su deambular.

Por eso, hace tiempo un amigo me dijo que él siempre prefería las primeras ediciones o, al menos, las ediciones que respetan la separación y unidad del texto en un solo libro.

La composición de éste fue hecha con letras del tipo Bodoni. Tirada de cuatro mil ejemplares. Impreso en el mes de Septiembre, el día cuatro.

Segunda mano

Publicado en crítica literaria, libros antiguos con etiquetas , , el Julio 4, 2008 por sebaslaleona

Entre una montaña de libros para ordenar me encuentro un volumen verde, tapas duras, letras doradas: primera edición de Las metamorfosis de Proteo de Guillermo de Torre, del año 1956.

¿Qué sentimiento recóndito nos hace disfrutar del hallazgo de un libro antiguo entre los montones o las estanterías que abarrotan una librería de segunda mano? El arqueólogo que llevamos dentro ve satisfecho su afán por descubrir reliquias que recompondrán nuestras vitrinas de la historia. El fetichista goza con la rareza estética del objeto libro, con sus peculiaridades únicas. Como de un caramelillo, el lector de ocasión se alegra al encontrar un precio regalado y el devorador de libros cree estar en la sección gourmet del supermercado, la visión de los anaqueles le genera un rastro de babilla verborréica. Pero por mucho que diseccionemos la alegría de ese encuentro nada salvo el propio libro podrá describir sinceramente la profundidad de ese lazo entre él mismo y el lector al que enamoró.

Al instante de ser cogido de la estantería ves cómo lo que antes parecía viejo y cutre, ahora se te muestra antiguo y valioso, incluso el lomo desvencijado recupera un poco de ese tono fuerte y vivo que antaño lució, como las pieles pálidas del invierno se entonan con los primeros rayos de primavera. Y termina engatusándote con tal o cual rareza de la portada interior. Y como este libro es un superviviente, pero no solo de las estaciones sino de pasiones, cariños, necesidades y riñas, por eso, sabe que no debe darse por entero en la librería, se reserva hasta pasadas unas horas cuando, ya en casa, despliega toda su belleza entre tus manos y te insinúa en una lengua exótica sus secretos: los garabatos hechos por alguien hace cincuenta años, un colofón modernista o la dedicatoria escrita con afecto. Ha viajado cincuenta y dos años para llegar a ti. Entonces, sabes que su lugar no estará entre los otros libros de la estantería, al menos durante una temporada. Seas el tipo de lector que seas lo colocarás en un lugar preeminente, visible, con orgullo y cuidado, tal vez el sitio de tu cuaderno de notas o junto a tu sillón para que siempre que lo tomes en tus manos sientas de nuevo esa especie de placer natural que experimentas al entrar en un templo en ruinas.

El primer rugido

Publicado en Uncategorized el Junio 30, 2008 por sebaslaleona

Aquí comienza la bitácora de la Librería La Leona, un lugar recóndito de Valladolid, donde se encuentra una selección de libros de segunda mano que hace las delicias de nuestros visitantes. Pero también llevamos a cabo lecturas literarias, fiestas y otro tipo de actos para disfrutar de los libros en un ambiente agradable y amistoso. Poco a poco iremos añadiendo información y entradas de algunas de nuestras joyitas…