El cuento es muy sencillo:
si usted muere en su tiempo,
condénese en los nuestros.
No se salve consigo.
Frágil legado y semilla
de árboles acaso solidarios
lloverán sus poemas incendiarios
y prenderán otra vez nuestras mejillas.
Condenados a parir felicidades
en la trinchera defensora de alegrías
haremos de corazas corazones
contra neutrales y neutrones,
y de noches de muerte buenos días
que abolirán las soledades.
Compañero, usted ya sabe…
A Mario Benedetti, presente
con sus palabras y sin su permiso.